Con solo tres semanas de vida, en una calle de Granada. Así fue como me encontré a Samsara — y así, sin buscarlo, empezó todo lo que hoy es Samsara Canina.

Samsara no exige nada. Observa, con calma, sin prisa — y fue justo esa forma de estar en el mundo la que despertó las ganas de dedicarme de verdad al mundo canino: aprender a entender antes de enseñar, y a respetar los tiempos y el carácter de cada perro. Ese fue el primer aprendizaje, y se lo debo a ella.
A ella le debo el nombre de todo este proyecto. En cada sesión de adiestramiento y cada proceso de modificación de conducta pongo un poco de ese mismo cariño que Samsara me enseñó a sentir primero.








Monte, ríos, playas de pantano y muchos kilómetros andados — a Samsara le encanta explorar, y de paso demuestra cómo se disfruta un paseo cuando el vínculo con tu perro es bueno de verdad.